Por Daniel Herrera 

El estadio Ciudad de Lanús esperaba con su mejores ropas una fiesta total. El  cuadro del sur de Buenos Aires enfrentaba por primera vez en su historia una final de Copa Libertadores de América. Al frente, Gremio, el poderoso club brasileño venía a buscar su tercera consagración en el máximo torneo de clubes de esta parte del mundo y… lo consiguió. 

El cuadro de Lucas Barrios salió a imponer los términos del partido desde el minuto uno. Lanús se vio extraviado, nervioso, carente de personalidad, ajeno a ese espíritu que vimos en la semifinal frente a River Plate y lo pagó caro. Un horripilante fallo del jugador José Luis Gomez en mitad de cancha permitió una solitaria corrida de Fernandinho quién batió sin mayor problema al arquero Andrada, 0-1 en el minuto 27.

Ya en el final del primer lapso apareció la magia, Luan, considerado el mejor jugador del torneo, gambeteó a la defensa granate y definió por encima del portero local, golazo total. 

El segundo tiempo mostró a un Lanús que, con más amor que fútbol, se acercó al arco defendido por el excelente Grohe. Así llegó el descuento, un penal que cambió por gol la gloria del club argentino, José Sand en el minuto 72. No mucho más ofreció esta nueva final de la vieja y querida Copa Libertadores que vio coronarse a Gremio de Porto Alegre por tercera vez.

 

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