Por Fabián Morales Pérez | @tofieschileno

Era un viernes 18 de septiembre del 2015 algo atípico. Hace pocos días había sucedido el terremoto en Coquimbo y andaba más alterado de lo normal. La televisión te inundaba con tragedias y las réplicas se sucedían entre el aroma a asado y pipeño de las Fiestas Patrias.

Para sacarme la mala vibra, tomé la mochila y partí al Club Palestino a ver la serie de Copa Davis entre Chile y Venezuela. Claro, no es el Grupo Mundial, pero nada más patriota que una Copa Davis pa’ estos días.

Los singles se llevaban con normalidad, hasta que de repente empieza el murmullo en la tribuna. Caras de asombro y tristeza empiezan a asomar entre la barra chilena. En ese entonces, no tenía internet móvil en el teléfono, así que no me enteraba de nada, hasta que me llama mi viejo y me dice: “Guatón, murió Bonvallet, dicen que se mató”. No sé si por la sorpresa o porque le quebraron el saque al venezolano en ese momento, pero se cayó mi celular desde algunos metros y no prendió por horas.

Al rato, me fui a la casa porque mi polola me esperaba para empezar con la celebración patria, pero había una sensación rara. Nunca fui fan de Bonvallet, tampoco lo detestaba, pero el tipo generaba opinión y debate, y eso, un futbolero lo agradecía. En muchas ocasiones, escuché su programa en la radio o sus opiniones en televisión y ampliaba el espectro, no se quedaba en la opinión simple y banal.

Como jugador, escuché que fue un buen volante, con pasado en equipo grande y con buenas virtudes para el medio local. Incluso, disputó el Mundial de España 1982, en esa expedición para el olvido del cuadro de Santibáñez.

Pero saben, quizás extrañamente, en la faceta que más lo recuerdo, fue de entrenador. En los medios salió publicitado su paso por las ligas universitarias, incluso, sonó como opción para la selección, pero su gran oportunidad llegó en Temuco. Recuerdo que hicieron un reality con ese equipo y su lucha en Primera B.

Lamentablemente, no salvó la categoría, pero nos llenamos del discurso y la filosofía de los monjes, faquires y guerreros. Siendo precisos, si contamos el rendimiento de Temuco desde que llegó Bonvallet, tendría que haber terminado en mitad de tabla, pero bueno, eso es discurso barato y que no sirve.

En fin, pasó el día y se confirmó su suicidio, y quizás, eso fue lo que más afectó a varios. Bonvallet era un tipo tan intenso y llamativo que no dejaba a nadie indiferente y por eso, dejar de caminar en este mundo fue una estocada que a varios nos descolocó.

Quizás Eduardo supo cómo nadie que en un instante se revelan las verdades y no hay nada que hacer. Por eso, un saludo y que el fútbol te siga acompañando donde estés.