Relatos Peloteros: La historia de amor de un hincha en Copa América 2015

Autor: Vida Pasión Fútbol

– Hola
– Hola, ¿Cómo estás?
– Bien bien, ¿tú?
– Bien… Te llamaba por lo siguiente. Es que era para dejar en claro que el abono para la Copa América yo lo ocuparé, te dejo el tuyo obviamente. Pero el mío no lo venderé por nada.
– Ahhh Si, dale. Tranquilo. Yo iré con unas amigas.
– Perfecto. Yo igual iré con unos amigos, no hay problema entonces. Muchas gracias.
– Ok, cuídate.

Después de un par de meses, volvía hablar con mi ex y quizás la palabras no gráfican lo tenso, pero fue incómodo hueón. Yo no podía dejar pasar más días porque el debut contra Ecuador se aproximaba y las dudas de lo que haríamos con las entradas que compramos cuando estábamos juntos me mantenían nervioso. Ya había tranzado un par de cosas, pero con las entradas ¡Ni cagando! Así que me armé de valor, de la dignidad ni hablar y la llamé. Las entradas ya estaban claras. Cada uno iría por su lado y nadie las vendería. La Copa América era un hecho.

De esa conversación no hubo mayor comentario, los días pasaron y el debut ya se sentía. Lo pactado seguía su curso, cada uno iría por su lado y ese encuentro incómodo sería evitable. Pero puta, la galería sur del Estadio Nacional es cada vez más pequeña por culpa de ese afán de lucrar con la entrada que batalla el hincha, y encontrarse con alguien no resulta una improbabilidad. Así que la vi po’ hueón, estaba linda. Ella no dudó el paso y me saludó de una, yo quede pa’ dentro, me puse hasta tonto, no solté palabra. Ella tomó el mando:

– ¿Ya encontraste lugar?
– Sí, sí. Estamos sentados arriba, cerca de la pantalla.
– Buena bacán, ¿y quedan lugares?
– Sí, aún no se llena.
– Iremos para allá con mis amigas, ¿se puede? guardame puesto.

Habiamos terminado hace 6 meses pero lo macabeo no se me quitaba. Guarde los puestos y ahí llegó ella con su grupo. Puros saludos fríos, es que el ex de la amiga es como un enemigo público, el odio se sentía. Yo me hacia el hueón con mis amigos, lo importante era Chile.

Así se fue dando la Copa. En la semana un par de Whatsapp y con Bolivia ya viajamos juntos desde Valparaiso. La química no frotaba, pero algo se veía por ahí, un cuneteado era bien recibido en esa instancia y con la boleta que le dimos ese día a los bolivianos hasta un abrazo me llevé de regalo. Esa noche me auto confesé lo negado, aún estaba cagado. La cabra me tenía pegado y Chile de alguna manera u otra me estaba declarando el suceso.

Pasó la fase de grupo, el choque de Vidal y los cuartos de final no daban para comentarios, el partido con Uruguay no necesita relatos a esta altura. El estadio estaba tenso y el frío de esa Copa es algo que solo se olvidó con el gol del “Huaso”. Ahí le di el beso, cara dura. Uno chiquitito. Es que hueón, ese gol fue una locura. Le ganamos a los uruguayos y la Copa ya le mirábamos de reojo, mientras mi ex se enojó por dos días por ese beso que le di de sorpresa. Yo creo que igual le gustó, pero filo, lo negó de orgullosa. Qué partido ese.

Las conversaciones fueron fluyendo, pero el regreso no tenía por donde. El “camarín seguía dividido” era la definición precisa para describir el momento. Pero una que otra sonrisa coqueta hacía pensar que en el alargue, alguna alegría se podía conseguir. Yo iba por todo.

El tiempo hizo lo suyo y así llegó Perú, ¡puta que sufrimos! El partido fue incomodo, pero el golazo de Vargas entregó un regalo inolvidable. Nos tomamos de la mano, el paso a la final merecía la muestra. Aquella ilusión que compartimos por casualidad se había cumplido, y quizás el fútbol, o la vida, hicieron que a pesar que como pareja no funcionáramos, viviéramos aquel momento juntos. Lindo ¿no?
Pero yo quería un beso, tanta película romántica ahoga. No lo negaba, lo de la mano fue bonito, pero estaba verde por un cuneteado. Ella no cedía, no daba centímetros.

Entre rechazos y acercamientos lo del 4 de Julio fue todo distinto. Salimos temprano, para llegar de los primeros y en la galería de siempre conseguir un lugar que ya es cábala. Ella estaba nerviosa, Messi preocupaba, pero gritando con voz suelta se pasaba la angustia. En la galería no caía una aguja. Estaban revendidas hasta las escaleras y en los 120 minutos, no tocamos silla por nervio. Se vivió parado, a grito limpio, con esa pasión pura que compartimos sin dar espacio a ‘chaqueteos’.

No dábamos más, sin darme cuenta estábamos de la mano, abrazados a ratos, conversando los penales, mientras ella escuchaba por radio detalles que se olvidan en la tribuna. “Alexis patea el último” confesó de suspiro. Lo vimos caminar a paso lento con el pulso como bombo. Se paró canchero y nosotros mirando el cielo para pedir una ayuda que a esa altura no se necesitaba. Alexis ya tenía la historia firmada:

¡Campeones conchatumadre! Cayeron lágrimas sin miedo, sin vergüenza y con una mirada cómplice que describía la alegría que compartimos en aquella galería sur. Nos dimos un beso y un abrazo fuerte. Le pedí perdón y le dí las gracias. Inconscientemente, esa Copa América nos fue reviviendo sensaciones que creíamos muertas y sin querer queriendo, confesamos un amor que se había dormido, pero que estábamos a tiempo de hacerlo escapar del letargo.

Fuimos Campeones por primera vez en la historia. Ese 4 de Julio no volví con mi ex, pero sí aquel día marcamos la pauta de lo que vendría. Ayer se cumplieron dos años de la proeza, y dos años después, estamos juntos peleando el día a día y recordando risas de aquella linda Copa. Viviendo a concho y juntando plata para Rusia 2018.

No aflojamos el uno con el otro, y por Chile tampoco. De eso se trata el fútbol, y quizás el amor.

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