Por Víctor Gómez

Para comenzar mi relato, lo primero que es necesario saber por el lector es que nací en 1998, año en que, tras 16 años mordiendo el polvo, regresamos al Olímpo futbolistico, a disputar una Copa del Mundo. Mal no nos fue, retornamos al verdadero roce internacional, probamos lo dulce y lo amargo del fútbol, y rematamos en la décima sexta posición.

De todos modos, mi primer recuerdo, el más remoto, es con 3 años y algunos meses, en frente del televisor viendo a un grupo de jugadores de tez oscura bailando alrededor del banderín del corner. Tiempo después, me enteré que en ese momento se disputaba el partido inaugural del Mundial orea & Japón 2002, en donde Senegal derrotó a Francia por la cuenta mínima con gol de Bouba Diop. En aquellos primeros años de mi vida fui influenciado por familiares y amigos para ser hincha de distintos clubes. Eso sí, todo cambió en 2004. Recuerdo estar frente al televisor, sentado, tomando bebida, cuando el tipo de los guantes tomó el balón e hizo estallar a una cuadra entera de mi barrio. Se trataba de Johnny Herrera,  quien anotó el penal definitivo en Calama ante Cobreloa y que le permitió a Universidad de Chile levantar su título número 12. De aquel momento hasta el día de hoy, soy hincha del “Romántico Viajero”, soy hincha de la “U” .

 

 

No obstante, el año 2004 fue más que ese título, de hecho ,fue el instante en el cual empecé a amar de verdad al fútbol, deporte de miles, deporte que cambió mi vida. En mi opinión, aquella fue la mejor época del fútbol, y me baso en los planteles de la Eurocopa o de la Copa América, torneos que se disputaron en aquel momento. Elencos plagados de reales estrellas, que valían lo que costaban e incluso, uno mirando con distancia, parecían incluso infravaloradas. Recuerdo a los poderosos checos, a la Holanda de Van Nistelrooy, Cocu y Davids, entre otros. Apareció Portugal como favorito, de la mano de Figo, Couto, Jorge Andrade, Carvalho y un joven Cristiano Ronaldo. Y aun así, el equipo que más me gustaba, por algún motivo, eran los griegos. Quizá en un juego de niños, solo me causaba gracia y simpatía sus apellidos, no sé, el caso es que fueron campeones y desde ese tiempo me enamoré del equipo del “Barco Pirata”.

 

 

Para terminar, recuerdo perfectamente la Copa América de Perú.  Vi muchos partidos (incluida la paupérrima participación del seleccionado nacional), y los pocos que no pude ver fue porque me mandaban a dormir temprano. En aquella época no me pesaba que nuestra selección perdiera contra cualquiera, pues todo eso era olvidado a la hora de ver a la impecable e imbatible selección brasileña, la mejor que hasta hoy he observado en un cancha de pasto.

En fin, recuerdo ese fútbol y su verdadero Joga Bonito, aquel cielo plagado de estrellas, no habían jeques ni chinos inversores, y, en mis ojos de niño de cinco años, el espíritu amateur existía todavía. Luego, llegaron los partidos de la Liga Española e Inglesa por TV Abierta, y posteriormente, llegamos a lo que somos hoy. De todas maneras, el balón sigue rodando, y mientras eso ocurra aquí estaré , admirándolo como hace 13 largos años.