Por Daniel Herrera | @dahego__

Más que un club. Así pregona su slogan, que por cierto tiene mucha consecuencia tras los últimos hechos ocurridos entre sus tierras y el resto de España.

El partido que enfrentó al Barcelona contra Las Palmas nunca debió jugarse. La situación que en esos mismos instantes se producía en toda Cataluña era insostenible, la violencia de las fuerzas del Estado español en contra de una población que intentaba ejercer el derecho a votar resultó en una vergüenza de proporciones mundiales. El fútbol no está separado de los demás sucesos de la sociedad, es parte de un contexto superior, por lo mismo, la decisión de jugar a puertas cerradas fue un mensaje al mundo para denunciar lo que se estaba viviendo a cuadras del Camp Nou.

Las declaraciones emocionadas de Gerard Piqué en la zona de vestuarios reflejaron a la perfección el sentimiento de todo un pueblo. La desazón y la impotencia fueron la tónica en una jornada negra. Hace pocos días un jugador de Fernández Vial salió al terreno de juego envuelto en la bandera del pueblo nación Mapuche. Su gesto rápidamente se viralizó por las redes sociales, la extensa huelga de hambre de un grupo de comuneros fue el detonante para esta acción.

Meses antes del Mundial de Brasil 2014, las calles de las ciudades sedes, se desbordaron con protestas que reclamaban por los millonarios gastos en estadios, mientras los hospitales públicos no tenían médicos y, peor aún, la desnutrición era una realidad tangible en plenas megalópolis llenas de turistas y lujos.

Habrán algunos que critiquen que el deporte no debe ensuciarse con cuestiones políticas, a ellos solo hay que recordarles que el jugador, los técnicos, los utileros y por supuesto los hinchas somos parte de un todo, la sociedad.

El resultado tres a cero a favor de los catalanes pasó a segundo plano, la derrota moral ya estaba consumada. El Club de Fútbol Barcelona lució, como siempre, ante unas graderías vacías, el sin sentido del deporte más lindo del mundo.